La inteligencia artificial ha cambiado la forma en la que entendemos la suplantación de identidad. Ya no hablamos únicamente de perfiles falsos o fotografías robadas. Hoy es posible generar imágenes, voces y vídeos sintéticos capaces de construir una identidad digital aparentemente real y utilizarla para engañar a terceros.
Uno de los casos más llamativos es el de una mujer francesa que llegó a entregar alrededor de 830.000 euros a personas que se hacían pasar por Brad Pitt. La estafa se hizo pública en enero de 2025, aunque el contacto con los estafadores había comenzado aproximadamente dos años antes.
Los responsables utilizaron perfiles falsos, servicios de mensajería e imágenes generadas mediante inteligencia artificial para convencer a la víctima de que mantenía una relación sentimental con el actor. El caso constituye un ejemplo especialmente claro de cómo la IA puede incorporarse a una estrategia de ingeniería social mucho más amplia.
Una identidad ficticia construida con IA
La víctima comenzó el contacto en Instagram con una cuenta que se hacía pasar por Jane Etta Pitt, la madre de Brad Pitt. Posteriormente, los estafadores asumieron la identidad del propio actor y mantuvieron durante meses una relación ficticia con ella.
Para reforzar la apariencia de autenticidad utilizaron imágenes generadas mediante IA en las que el actor aparecía en diferentes situaciones. Más adelante, el supuesto Brad Pitt afirmó necesitar ayuda económica para afrontar un tratamiento contra el cáncer y alegó que no podía disponer de sus fondos por sus circunstancias financieras.
Los estafadores llegaron a enviar imágenes generadas mediante IA en las que el actor aparecía supuestamente hospitalizado. Finalmente, la víctima realizó transferencias por aproximadamente 830.000 euros.
Para nosotros, este caso resulta especialmente significativo porque demuestra que la IA no tiene por qué utilizarse para crear un único vídeo falso. Puede convertirse en una herramienta dentro de una operación prolongada de suplantación de identidad e ingeniería social, en la que diferentes contenidos artificiales sirven para reforzar una misma ficción.
¿Es realmente un deepfake?
Aquí consideramos importante hacer una precisión técnica. El término deepfake se utiliza habitualmente para describir contenidos de imagen, audio o vídeo generados o manipulados mediante IA que hacen que una persona real parezca realizar o decir algo que nunca hizo.
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial recoge esta categoría y establece determinadas obligaciones de transparencia para estos contenidos.
En el caso de Brad Pitt, las informaciones publicadas describieron principalmente imágenes generadas mediante IA y perfiles falsos utilizados para mantener una identidad ficticia. Por ello, técnicamente resulta más preciso hablar de una suplantación de identidad mediante IA y de contenidos sintéticos que afirmar que toda la operación consistió en un único deepfake.
La distinción es relevante. La generación de imágenes, la clonación de voz, la manipulación facial y la creación de vídeo sintético son técnicas diferentes que pueden utilizarse conjuntamente para construir una misma suplantación.
Una cuestión también jurídica
En España, la utilización no consentida de la imagen de una persona puede afectar al derecho a la propia imagen reconocido por el artículo 18 de la Constitución y desarrollado por la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
La norma no contiene una regulación específica de los deepfakes, pero contempla diferentes supuestos de intromisión ilegítima y, entre ellos, la utilización del nombre, la voz o la imagen de una persona con fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.
Cuando la suplantación se utiliza además para provocar un engaño y obtener un beneficio económico, pueden entrar en consideración las normas penales relativas a la estafa. Pero debemos evitar una simplificación: un deepfake no constituye automáticamente una estafa. La responsabilidad dependerá de las circunstancias concretas y de que concurran los elementos exigidos por el delito correspondiente.
A nivel europeo, el marco también está evolucionando. Desde el 2 de agosto de 2026 son aplicables determinadas obligaciones de transparencia previstas en el artículo 50 del AI Act para contenidos generados o manipulados mediante IA, incluidos determinados deepfakes.
Detectar la falsedad no siempre es suficiente
Nuestra experiencia parte de una premisa sencilla: identificar una falsedad es solo el primer paso.
Una fotografía, un vídeo o un perfil que suplanta a una persona puede continuar publicado incluso después de haber sido identificado como falso. Mientras permanezca disponible, puede seguir siendo compartido, indexado o utilizado para generar nuevos contenidos.
Por eso, en IDNtt trabajamos sobre todo el proceso: detectamos y localizamos contenidos que pueden constituir falsedades o suplantaciones digitales y gestionamos las actuaciones orientadas a conseguir su eliminación en los canales donde aparecen.
Esta diferencia es fundamental. No basta con saber que una imagen es falsa si esa imagen continúa accesible en Internet. La protección efectiva de una identidad exige también actuar sobre el contenido y trabajar para que deje de estar disponible.
De la detección a la eliminación
El caso del falso Brad Pitt muestra hasta dónde puede llegar una identidad digital fabricada mediante inteligencia artificial. Pero también pone de manifiesto un problema que va más allá de las celebridades.
Cualquier persona, profesional o empresa cuya identidad o reputación tenga presencia digital puede convertirse en objetivo de contenidos manipulados. Una fotografía falsa, un vídeo generado mediante IA o un perfil que se haga pasar por otra persona pueden causar un perjuicio reputacional, económico o personal incluso aunque su contenido sea fácilmente desmentible para quien conoce la realidad.
En IDNtt entendemos que la protección frente a este fenómeno no puede quedarse en señalar qué es auténtico y qué no lo es. Nuestro objetivo es detectar la falsedad, localizar dónde se encuentra y trabajar para conseguir su retirada.
Porque en la era de la inteligencia artificial, demostrar que algo es falso ya no siempre es suficiente. Cuando una falsificación puede difundirse en cuestión de minutos, proteger una identidad también significa tener capacidad para actuar sobre ella y reducir su presencia digital.
El caso del falso Brad Pitt es una advertencia especialmente gráfica: la IA puede fabricar una apariencia de autenticidad capaz de producir consecuencias completamente reales. Frente a ello, la protección de la identidad digital exige combinar tecnología, conocimiento y capacidad de actuación. Y, para nosotros, esa actuación empieza cuando detectamos la falsedad y termina cuando trabajamos para conseguir que deje de estar disponible.
IDNtt – www.idntt.net
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Imagen: generada con IA







